El amor enlaza más que la sangre

En algún momento, tal vez desde siempre, el dolor de su ausencia se combinaba con el anhelo de su llegada… ¿Dónde estás? ¿Hasta cuándo? ¿Piensas en mi…?…
Esperaban encontrarse algún día pero con el ocaso, les invadía de nuevo ese necio sentimiento de impotencia, de angustia, de deseperación… ¿Intentos?: Varios, ¿Procesos?: muchos pero ninguno que les sacara de ese círculo sin fin en el que parecían estar rodando, sin saber el porqué.
Aquello que para la mayoría era tan común, tan cotidiano, les significaba un sueño que a veces consideraban imposible. Pero, por alguna razón,  la llamita de la esperanza no terminaba de apagarse aún en los momentos en los cuales el viento soplaba más fuerte, como cuando avisa que viene una tormenta… Era entonces que esa titilante lucecilla era la única capaz de consolarles.

¡Esperar pacientemente! ¿para qué?, para seguir esperando era la respuesta que se daban cuando recuperaban la entereza amenazada por las trincheras burocráticas y legalistas…
Sus corazones estaban unidos por un hilo tal vez largo, tal vez no tanto, pero definitivamente el más fuerte e irrompible de todos. Sólo el tiempo fue testigo de las noches de desvelo, de las lágrimas y las risas que nacían de los encuentros imaginarios y de aquellos abrazos que se sentían tan reales que aprendieron a reconocer sus aromas antes que sus rostros.
Ese día lo supieron. El primer instante se manifestó en la certeza que les confirmaba que aquel hilo irrompible les había estado acercando en medio de un camino de preparación constante para cuando llegara ese momento. Ahora que estaban de frente y podían alcanzarse con sus miradas, sus almas ya se habían entrelazado y la espera había terminado.
Ese día, el amor que ya existía en sus corazones estalló de júbilo al verse a la cara y escuchar y pronunciar esa palabra que se encontraba enmudecida tímidamente por los intentos fallidos y los sueños postergados. Únicamente una palabra se convertiría en la más dulce de todas y en la más hermosa muestra de que el amor enlaza más que la sangre.
Yesenia Masís

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